Cherif Chalakani: de ser un niño perdido en el exilio a sentirse en casa en el cuerpo

por | Sep 17, 2019 | General

Entrevista publicada en inglés en la revista de la maestría «Estudios de Paz» de la Universidad de Innsbruck
(publicado el 1 de septiembre de 2019).

Entrevistadora : Sophie Friedel.

Sobre Cherif Chalakani

Cherif Chalakani trabaja con movimiento, respiración dando nacimiento a espacios y paisajes interiores, enfatizando la atención, la gentileza y los procesos organísmicos de autorregulación. Su enfoque terapéutico se articula en torno a dos temáticas complementarias. Por un lado, la biográfica, abordando las relaciones tóxicas presentes en el seno de la familia de origen. Desde principios de la década de los noventa, lleva ofreciendo talleres de re-parentalización, primero en México y ahora en España, Francia y Alemania. Otra temática clave de su oficio es la experiencia en torno al nacimiento. En el transcurso de casi cuatro décadas, ha creado y refinado «Espacios Nacientes», un enfoque terapéutico que aborda la experiencia de nacer en sus dimensiones físicas y metafóricas.

Cherif conoció al psiquiatra chileno y candidato al Premio Nobel de la paz, el Dr. Claudio Naranjo, autor de dos publicaciones Elicitiva en 1978. Desde entonces ha sido su alumno y más tarde su colaborador, participando en distintos módulos del SAT, un programa psico-espiritual para el desarrollo del potencial humano. Ha facilitado un módulo sobre la relación con los padres durante la fase presencial de Innsbruck Peace Studies en el verano de 2015. Su libro, «Renacer al Ser», que revela más sobre su trabajo terapéutico será publicado en inglés a finales de este año.

Describiéndose como terapeuta corporal y partero espiritual, Cherif Chalakani es un transformador de conflictos y artesano de la paz. Su padre fue periodista y luchador político en Egipto. Cherif optó por un enfoque interior hacia la paz al convertirse en terapeuta. Durante los últimos cuatro años, Sophie Friedel ha participado a su trabajo en el seno del programa SAT del Dr. Claudio Naranjo.

Naciste como hijo de una madre judía y un padre musulmán y viviste en muchos sitios, ya sea por razones políticas o religiosas. Durante la crisis del canal de Suez, en 1956, emigraste de El Cairo a Suiza a la edad de 6 años, ¿cómo te ha afectado esto a largo plazo?

Con mi hermana menor estuvimos en un internado en Suiza y eso significó un corte profundo. Perdí mi lengua materna, el árabe; perdí a mi padre; perdí en parte el vínculo con mi madre. Nuestra familia se desintegró por completo. Sin sostén y con un gran anhelo de pertenencia, nos encontramos solos en un mundo caótico. Años más tarde, a mis 18 años, opté por ser ciudadano francés y se me pidió que hiciera mi servicio militar. Había estudiado matemáticas a un nivel bastante alto y fui enviado a enseñar matemáticas en la Universidad de Caracas. Al experimentar un nuevo exilio, esa vez voluntario, mi pasado, sin pedirme permiso, me alcanzó y entonces tomé consciencia de mi sufrimiento. Hasta entonces, me había refugiado en lo mental, cerrando mi corazón. En Venezuela, al sentir la hospitalidad y la calidez de su gente, me conecté con mis raíces emocionales egipcias. Me di cuenta de cuanto perdido y confundido estaba acerca de mi identidad, sin saber si era egipcio o francés y sin tener una tierra que me sostenga y en donde descansar.

¿Puedes explicar más detalladamente la relación con tu padre?

Estuvo involucrado en una lucha política clandestina, para realizar una revolución social. Dejó a familia cuando yo tenía 3 años y lo volví a ver a mis 25 años. Así que, durante mucho tiempo, no tuve ninguna relación con mi padre. Me llegaban noticias de sus compañeros de militancia cuando fue encarcelado. Tuve un padre ausente, y ciertamente bastante idealizado. Era un héroe a mis ojos. No lo conocía, pero luchaba para defender a los pobres y eso era WOW!

Allí conocí a mi primer terapeuta, Rafael Estrada Villa, de México, cuando tenía 22 años. Recuerdo que me preguntó: “¿Cuál es el problema con tu padre?” Y yo solo contesté: “No tengo ningún problema; no tengo padre”. A mi entender, ninguna relación significaba ausencia de problema. Se limitó a reírse y me dijo: “Bueno, vamos a empezar por el principio: ¡Tienes un padre ausente y eso es un problema!”. En mi proceso terapéutico me ayudó a acercarme y a hacer las paces con mi padre. Me reconcilié con él, con mi familia, con mis circunstancias de vida, y poco a poco transité internamente de la confusión a la claridad, del miedo a la seguridad. Ha sido un largo viaje…

¿Qué te ayudó a integrar esas fuertes experiencias de desintegración que viviste de niño?

A través de la terapia centrada en el cuerpo, comencé a rememorar y a elaborar mi desesperación infantil y con mis terapeutas, Rafael y después Claudio, pude también percatarme de las dificultades en torno a mi nacimiento. Nació en mí una nueva vocación y así, pasé de ser matemático a terapeuta, con dos ejes temáticos : la integración familiar y la experiencia del nacimiento como experiencia biológica y como metáfora de los procesos de cambio.

¿Hay algún lugar al que hoy llamarías hogar?

Ahora estoy en casa en mi cuerpo. Me siento sostenido, contenido y arropado. Ya no estoy perdido, finalmente estoy arraigado con un sentido de seguridad interior. Estoy muy comprometido, en lo personal y en lo profesional, en cultivar una clara consciencia de mis sensaciones, de mis movimientos, de mis emociones como una forma concreta y palpable de aprehender la realidad. Siento ahora que se gesta un próximo paso, encontrar refugio en la conciencia misma, la conciencia de Ser. Intuyo que la consciencia será entonces mi nuevo hogar, un espacio generoso y misterioso que abraza todas las posibilidades.

Cuando trabajas en «Espacios Nacientes» o cuando llevas el trabajo corporal de despertar de la conciencia con movimiento en el SAT, ¿qué es lo importante para ti?

Estoy trabajando sobre el nacimiento y los espacios perinatales recalcando la importancia de la calidad del primer pasaje que nos lleva de adentro hacia afuera, del agua al aire, de la oscuridad a la luz. Es un dar a luz y no me refiero solo al nacimiento biológico. También al nacimiento de una conciencia que encara con gentileza los cambios que la vida nos propone.

En nuestra sociedad esa primera transición a menudo se da en un contexto cargado todavía de miedo y violencia que no permiten respetar y honrar los ritmos organísmicos de la madre y del bebé. Cuando enfrentamos un cambio en nuestra vida, ya sea pequeño o grande, mi premisa es que la memoria traumática de la primera transición puede reactivarse. Si este es el caso, cambiaremos con temor y violencia, sin respetar la autorregulación organísmica.

Cuidar el proceso del parto, es cuidar el cambio y en particular el terapéutico. Es un mismo proceso y mi intención es de facilitar experiencias que permiten incorporar nuevas formas de nacer, y por lo tanto de cambiar. Un nacimiento sin violencia, como lo dijo el Dr. Leboyer, es posible y es un primer paso hacia un encuentro pacífico con el mundo.

Tu trabajo también se basa en la visión de Claudio Naranjo sobre los tres amores. Ambos ofrecéis un medio poderoso para el cambio, proponiendo la integración armoniosa de los tres personajes de la familia interna; Una Madre amorosa, un Padre amoroso y un Niño amoroso. ¿Puedes por favor ahondar en cómo una familia interior sana apoya a los trabajadores por la paz cuando enfrentan conflictos?

Como dice Claudio: “En la relación con nuestros padres nos enfermamos, y en las relaciones futuras, es como nos curamos”. La experiencia del grupo terapéutico es un contexto muy poderoso para explorar nuevas posibilidades de encuentro, para establecer nuevas reglas de relaciones. Es un laboratorio que permite experimentar otras opciones, otras “alter-nativas”. Mi intención es de crear espacios de aceptación, benevolencia y compasión, para atender las partes en conflicto adentro de nuestra familia interior, y así superar nuestros patrones enfermizos y repetitivos.

Una dimensión de mi trabajo es concebir, gestar y dar a luz a una familia interior armoniosa que ofrece registros sanos de información que estuvieron carentes en el marco de nuestra familia biológica. Nos faltó amor porque a nuestros padres también les faltó. Es una “plaga de desamor” trans-generacional que nos mantiene en la carencia amorosa, en el dolor, en la frustración y en la ira.

Mi motivación es crear un terreno de posible reconciliación con nuestros padres y con el corazón abierto decirles: “Estoy en paz con ustedes”.

Permito que nuevos recursos, nuevas habilidades relacionales se incorporan, estableciendo conexiones entre las esferas mentales, emocionales y sensoriales. Al cultivar un estado de plena presencia, promuevo movimientos, internos y externos, que unen intención y gesto. Con plena atención es cuando literalmente el “verbo se hace carne”. La palabra bondad, por ejemplo, se incorpora y se siente como “sensación”. Se integra lo mental con lo físico, la dimensión simbólica con la tangible.

Esta es mi manera de crear instancias internas de auto-maternaje y auto-paternaje que sanan a nuestro niño interior herido”.

¿Es necesario hacer las paces con nuestros padres para vivir en paz?

Sí, lo es, pero también lo es nuestra manera de encarar el dolor y la dificultad de vivir. Inicié mi proceso queriendo erradicar mi dolor, anhelando llegar a una especie de paraíso. Tuve que hacer el duelo de esa profunda ilusión infantil. En un trabajo terapéutico, en un proceso maduro de transformación, las polaridades y los conflictos, el amor y el odio, siguen presentes. Necesitamos abordar esos elementos sin pensar que habrá un estado definitivo sin dolor y sin conflictos. Nuestra paz dependerá de nuestra capacidad de abrazar por momentos el dolor y el conflicto con una consciencia abierta y neutral.

“La vida no es un juego fácil”, dice, y ambos nos reímos.

Siendo el tema de la revista el periodismo, ¿tienes algún comentario para los periodistas?

Mi padre también fue periodista y sé por su experiencia directa el gran reto que supone expresar la verdad de manera objetiva. Me gustaría honrar el coraje de mi padre y de tantos periodistas que ofrecen su contribución a los cambios y transformaciones sociales, a veces arriesgando su propia vida.

 


Sophie Friedel es autora de la monografía de la serie ‘Maestros de la Paz’: “The Art of Living Sideways” (“El arte de un vivir lateral”). Al graduarse del Programa de Maestría para Estudios de Paz en la Universidad de Innsbruck, se mudó a Freiburg para colaborar en la organización del programa SAT internacional Franco-Alemán. Se está formando como terapeuta Gestalt y ha fundado una escuela de skateboard «Rollbrettworkshop» donde enseña el arte de un “vivir lateral”.

Contacto:
sophiefriedel@naranjo-sat.comhttps://www.naranjo-sat.com/


La traducción del inglés al español es de Tania Mollart


 

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Cherif Chalakani : D’être un enfant perdu en exil à se sentir chez soi dans le corps

Interview publiée en anglais dans le magazine «Peace Studies» de l’Université d’Innsbruck (publié le 1 septembre 2019).

Intervieweuse : Sophie Friedel.

A propos de Cherif Chalakani

Cherif Chalakani travaille, avec gentillesse et attention, sur le souffle, le mouvement et les émotions pour donner naissance à des espaces de paix intérieure. Son approche thérapeutique s’articule autour de deux thématiques complémentaires. D’un côté biographique, abordant les relations toxiques présentes dans la famille d’origine. Depuis le début des années 1990, il propose des ateliers de re-parentalisation, d’abord au Mexique, puis maintenant en Espagne, en France et en Allemagne. Le deuxième versant de son métier est l’expérience de la naissance. Depuis près de quatre décennies, il a créé et perfectionné «Espacios Nacientes», une approche thérapeutique qui aborde, avec une attention toute particulière au corps, les expériences de la naissance dans ses dimensions tant physiques que métaphoriques en mettant l’accent sur l’autorégulation de l’organisme.

Cherif a rencontré, en 1978, le psychiatre chilien et nominé au prix Nobel de la paix, le Dr Claudio Naranjo, auteur de deux publications Elicitiva. Il est depuis son élève et son collaborateur, participant à différents modules du SAT, un programme psycho-spirituel pour le développement du potentiel humain. Il a facilité un module sur les relations parentales lors d’un cours à Innsbruck Peace Studies durant l’été 2015. Son livre « Renacer al Ser» révèle son travail thérapeutique et sera publié en français plus tard cette année.

Cherif Chalakani, artiste du corps et « sage-femme » spirituelle, est un transformateur des conflits et un artisan de la paix. Son père était journaliste et militant dans la révolution égyptienne. Cherif a adopté une approche interne de la paix en devenant thérapeute. Au cours des quatre dernières années, Sophie Friedel a collaboré au programme SAT du Dr. Claudio Naranjo.

Vous êtes né d’une mère juive et d’un père musulman et vous vous êtes beaucoup déplacé, que ce soit pour des raisons politiques ou religieuses. Pendant la crise de Suez en 1956, vous avez émigré du Caire en Suisse, à l’âge de 6 ans, en quoi cela vous a affecté à long terme?

Avec ma petite soeur je me suis retrouvé dans un internat en Suisse et cela a signifié une coupure profonde. J’ai perdu ma langue maternelle, l’arabe; J’ai perdu mon père; J’ai en partie perdu le lien avec ma mère. Avec une famille entièrement fracturée nous étions des enfants seuls dans un monde chaotique, avec un grand besoin d’appartenance.

Devenu français à 18 ans j’ai fait mon service militaire comme professeur de mathématiques à Caracas dans le cadre de la coopération. J’ai vécu un nouvel exil et soudain tout mon passé m’a rattrapé et j’ai pris conscience de toute ma souffrance. Je m’étais réfugié dans un monde seulement mental avec un coeur fermé et au Venezuela je me suis rendu compte que j’étais exilé de mon monde intérieur et terriblement confus quant à mon identité, ne sachant pas si j’étais égyptien ou français et n’ayant pas une terre pour me poser et me reposer. J’ai ressenti l’hospitalité et la chaleur des sud-américains, et en moi s’est réveillé tout mon passé émotionnel égyptien.

Pouvez-vous donner des précisions sur la relation avec votre père ?

Engagé dans la clandestinité pour faire la révolution, Il a quitté la famille à mes 3 ans et je l’ai revu seulement à mes 25 ans. Sans contact direct avec lui, j’ai su par ses camarades de lutte qu’il fut emprisonné. J’ai donc eu un père absent que j’ai certainement idéalisé, ne le connaissant pas, mais sachant qu’il défendait les pauvres. A mes yeux c’était un héros. Quel paradoxe impressionnant !

C’est à cette époque que j’ai rencontré à mes 22 ans mon premier thérapeute, le mexicain Rafael Estrada Villa et je me souviens encore de la question qu’il m’a posée : « Quels problèmes as-tu avec ton père ?» et de ma réponse innocente : « Je n’ai pas de problèmes car je n’ai pas de relation avec mon père ». Aucune relation équivalait pour moi à aucun problème. Il a simplement souri et m’a dit : « Nous allons donc commencer par le commencement, un père absent, est un problème !». Rafael m’a accompagné au début de mon voyage thérapeutique pour retrouver mon père et faire la paix avec lui. J’ai pu ensuite me réconcilier avec ma famille et avec mes circonstances de vie, et passer de la confusion à la clarté, de la peur à la sécurité. Cela a été un long parcours…

Qu’est-ce qui vous a aidé à intégrer ces expériences de désintégration de votre enfance ?

Grâce à une thérapie centrée sur le corps, j’ai pu reconnaître et élaborer mon désespoir d’enfant balloté par tellement de changements. J’ai compris l‘importance des expériences périnatales et ainsi découvert une nouvelle vocation. De mathématicien je suis devenu thérapeute avec deux grands axes de travail : l’intégration familiale et l’expérience de la naissance en tant qu’expérience biologique et comme métaphore des processus de transformation.

Y a-t-il un endroit que vous appelleriez un « Chez vous » aujourd’hui ?

Maintenant je suis chez moi dans mon corps et je me sens soutenu, contenu et finalement ancré dans un sentiment de sécurité intérieure. Dans ma pratique, personnelle et professionnelle, je suis engagé

dans une démarche de prise de conscience des sensations et des émotions. C’est une manière palpable d’appréhender la réalité. Intuitivement je crois que ma prochaine étape sera un « Chez moi » dans la conscience même. Mon pays sera alors celui de la conscience, du mystère, un espace généreux offrant toutes les possibilités.

Vous travaillez dans les ateliers «Espacios Nacientes» ou dans le SAT pour favoriser un éveil de l’attention qui passe par le corps et le mouvement. Qu’est-ce qui vous semble important ?

Créer, en réalisant un saut de conscience, l’accès à de nouvelles ressources qui permettent de soigner les expériences possiblement traumatiques, prénatales et natales, et de redonner un sens du sacré à cette transition de l’intérieur vers l’extérieur, de l’eau vers l’air, de l’obscurité vers la lumière. Je prends en compte non seulement la naissance biologique, mais aussi les transitions qui accompagnent les étapes de vie.

Dans nos sociétés occidentales les naissances se font encore trop souvent dans un climat de peur, de violence et de non-respect des rythmes organismiques de la mère et du bébé, en particulier dans les hôpitaux surchargés de stress. Lorsque nous sommes confrontés à un changement dans notre vie, petit ou grand, je crois que la mémoire traumatique de la première transition, peut être réactivée, et si tel est le cas, nous changeons avec peur et violence, sans respecter notre potentiel d’autorégulation organismique.

Prendre soin du processus de naissance, c’est prendre soin du processus thérapeutique. C’est un même processus, c’est un même mouvement. Mon rôle est de faciliter des expériences qui nous permettent d’incorporer de nouvelles façons de naître et donc de changer. Une naissance sans violence, comme l’a dit le Dr Leboyer, est possible et constitue un premier pas vers la paix dans ce monde.

Votre travail s’appuie également sur la vision de Claudio Naranjo d’une famille intérieure régie par trois amours essentiels : l’amour de la Mère, l’amour du Père et l’amour de l’Enfant. Vous offrez tous les deux un puissant moyen de transformation en donnant naissance à une triade intérieure archétypique. Pouvez-vous expliquer comment une famille intérieure harmonieuse est importante pour les activistes de la paix confrontés à des situation de conflits ?

Comme le dit Claudio Naranjo : « C’est dans la relation primaire avec nos parents que nous nous perdons et c’est également en relation que nous pourrons nous re-trouver». Un groupe thérapeutique est un espace puissant pour explorer de nouvelles possibilités de rencontre. C’est un laboratoire qui permet d‘expérimenter des options « alter-natives ». C’est dans ce contexte que je propose des espaces d’acceptation, de bienveillance et de compassion, qui permettent de reconnaître et de résoudre les conflits issus de notre famille intérieure et pour dépasser nos schémas limitants et répétitifs.

Une dimension de mon travail consiste à donner le jour à une famille intérieur qui intègre de nouvelles ressources. Nous avons manqué d’amour parce que nos parents eux-mêmes ont aussi manqué d’amour. C’est un « fléau » trans-générationnel qui nous maintient ancrés dans le manque, la douleur, la frustration et la colère. Il s’agit de créer un terrain de réconciliation avec nos parents pour pouvoir leur dire, le coeur ouvert, que nous sommes en paix avec eux.

De nouvelles ressources, de nouvelles compétences relationnelles et existentielles peuvent s’incorporer quand l’attention établit un lien entre le mental, l’émotionnel et le sensoriel. C’est la conscience qui va favoriser ces mouvements internes et externes. C’est l’attention qui permettra d’unir l’intention et le geste. Le verbe se fait alors chair. Nous reconnaissons le ressenti émotionnel et sensoriel, qu’un mot, comme bienveillance par exemple, sous-entend. Nous transitons du mental au physique, de l’expression verbale à l’expression corporelle, du concept à l’expérience.

“A ma façon je favorise une instance d’auto-maternage et d’auto-paternage qui pourra prendre soin de notre enfant intérieur profondément blessé”.

 

Faire la paix avec nos parents est-il nécessaire pour vivre en paix ?

Oui, c’est nécessaire, mais notre manière d’aborder la douleur, propre à la difficulté de vivre, est également une thématique importante. J’ai entamé mon chemin thérapeutique, désireux d’éradiquer la douleur pour entrer dans une sorte de paradis. Mais ce n’est pas l’objectif du travail thérapeutique et d’une transformation mature. C’est une profonde illusion infantile dont j’ai dû faire le deuil. La polarité et les conflits, l’amour et la haine resteront présents et nous devons les aborder sans penser atteindre un état définitif sans douleurs et sans conflits. La paix dépendra de notre capacité à accueillir la douleur et le conflit avec une conscience ouverte et continue.

«La vie n’est pas un jeu facile», dit-il et nous rions tous les deux.

Le sujet du magazine étant le journalisme, avez-vous un commentaire pour les journalistes ?

Mon père ayant été également journaliste je sais à quel point il est difficile de partager la vérité de manière objective, et j’en profite pour rendre hommage au courage de mon père et de tant de journalistes qui apportent leurs contributions aux possibles changements sociétaux, souvent risquant leur vie.

 

 


Sophie Friedel est l’auteure d’un monographie pour sa thèse de maîtrise pour conclure ses études de la paix à l’Université d’Innsbruck : «The Art of Living Sideways » (« L’art de vivre latéralement »). Après avoir obtenu son diplôme elle s’est installée à Freibourg pour collaborer à l’organisation du programme SAT. Elle suit une formation en thérapie Gestalt et a fondé une école de skateboard, «Rollbrettworkshop» où elle enseigne l’art de vivre latéralement.

Contact :
sophiefriedel@naranjo-sat.com ou https://www.naranjo-sat.com/


La traducción de cet article de l’anglais au français est de Tania Mollart.


 

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Una propuesta terapéutica
inspirada en la metáfora del nacimiento