Cherif Chalakani: de ser un niño perdido en el exilio a sentirse en casa en el cuerpo

por | May 18, 2020 | Sin categorizar

Entrevista publicada en inglés en la revista de la maestría «Estudios de Paz» de la Universidad de Innsbruck
(publicado el 1 de septiembre de 2019).

Entrevistadora : Sophie Friedel.

Sobre Cherif Chalakani

Cherif Chalakani trabaja con movimiento, respiración dando nacimiento a espacios y paisajes interiores, enfatizando la atención, la gentileza y los procesos organísmicos de autorregulación. Su enfoque terapéutico se articula en torno a dos temáticas complementarias. Por un lado, la biográfica, abordando las relaciones tóxicas presentes en el seno de la familia de origen. Desde principios de la década de los noventa, lleva ofreciendo talleres de re-parentalización, primero en México y ahora en España, Francia y Alemania. Otra temática clave de su oficio es la experiencia en torno al nacimiento. En el transcurso de casi cuatro décadas, ha creado y refinado «Espacios Nacientes», un enfoque terapéutico que aborda la experiencia de nacer en sus dimensiones físicas y metafóricas.

Cherif conoció al psiquiatra chileno y candidato al Premio Nobel de la paz, el Dr. Claudio Naranjo, autor de dos publicaciones Elicitiva en 1978. Desde entonces ha sido su alumno y más tarde su colaborador, participando en distintos módulos del SAT, un programa psico-espiritual para el desarrollo del potencial humano. Ha facilitado un módulo sobre la relación con los padres durante la fase presencial de Innsbruck Peace Studies en el verano de 2015. Su libro, «Renacer al Ser», que revela más sobre su trabajo terapéutico será publicado en inglés a finales de este año.

Describiéndose como terapeuta corporal y partero espiritual, Cherif Chalakani es un transformador de conflictos y artesano de la paz. Su padre fue periodista y luchador político en Egipto. Cherif optó por un enfoque interior hacia la paz al convertirse en terapeuta. Durante los últimos cuatro años, Sophie Friedel ha participado a su trabajo en el seno del programa SAT del Dr. Claudio Naranjo.

Naciste como hijo de una madre judía y un padre musulmán y viviste en muchos sitios, ya sea por razones políticas o religiosas. Durante la crisis del canal de Suez, en 1956, emigraste de El Cairo a Suiza a la edad de 6 años, ¿cómo te ha afectado esto a largo plazo?

Con mi hermana menor estuvimos en un internado en Suiza y eso significó un corte profundo. Perdí mi lengua materna, el árabe; perdí a mi padre; perdí en parte el vínculo con mi madre. Nuestra familia se desintegró por completo. Sin sostén y con un gran anhelo de pertenencia, nos encontramos solos en un mundo caótico. Años más tarde, a mis 18 años, opté por ser ciudadano francés y se me pidió que hiciera mi servicio militar. Había estudiado matemáticas a un nivel bastante alto y fui enviado a enseñar matemáticas en la Universidad de Caracas. Al experimentar un nuevo exilio, esa vez voluntario, mi pasado, sin pedirme permiso, me alcanzó y entonces tomé consciencia de mi sufrimiento. Hasta entonces, me había refugiado en lo mental, cerrando mi corazón. En Venezuela, al sentir la hospitalidad y la calidez de su gente, me conecté con mis raíces emocionales egipcias. Me di cuenta de cuanto perdido y confundido estaba acerca de mi identidad, sin saber si era egipcio o francés y sin tener una tierra que me sostenga y en donde descansar.

¿Puedes explicar más detalladamente la relación con tu padre?

Estuvo involucrado en una lucha política clandestina, para realizar una revolución social. Dejó a familia cuando yo tenía 3 años y lo volví a ver a mis 25 años. Así que, durante mucho tiempo, no tuve ninguna relación con mi padre. Me llegaban noticias de sus compañeros de militancia cuando fue encarcelado. Tuve un padre ausente, y ciertamente bastante idealizado. Era un héroe a mis ojos. No lo conocía, pero luchaba para defender a los pobres y eso era WOW!

Allí conocí a mi primer terapeuta, Rafael Estrada Villa, de México, cuando tenía 22 años. Recuerdo que me preguntó: “¿Cuál es el problema con tu padre?” Y yo solo contesté: “No tengo ningún problema; no tengo padre”. A mi entender, ninguna relación significaba ausencia de problema. Se limitó a reírse y me dijo: “Bueno, vamos a empezar por el principio: ¡Tienes un padre ausente y eso es un problema!”. En mi proceso terapéutico me ayudó a acercarme y a hacer las paces con mi padre. Me reconcilié con él, con mi familia, con mis circunstancias de vida, y poco a poco transité internamente de la confusión a la claridad, del miedo a la seguridad. Ha sido un largo viaje…

¿Qué te ayudó a integrar esas fuertes experiencias de desintegración que viviste de niño?

A través de la terapia centrada en el cuerpo, comencé a rememorar y a elaborar mi desesperación infantil y con mis terapeutas, Rafael y después Claudio, pude también percatarme de las dificultades en torno a mi nacimiento. Nació en mí una nueva vocación y así, pasé de ser matemático a terapeuta, con dos ejes temáticos : la integración familiar y la experiencia del nacimiento como experiencia biológica y como metáfora de los procesos de cambio.

¿Hay algún lugar al que hoy llamarías hogar?

Ahora estoy en casa en mi cuerpo. Me siento sostenido, contenido y arropado. Ya no estoy perdido, finalmente estoy arraigado con un sentido de seguridad interior. Estoy muy comprometido, en lo personal y en lo profesional, en cultivar una clara consciencia de mis sensaciones, de mis movimientos, de mis emociones como una forma concreta y palpable de aprehender la realidad. Siento ahora que se gesta un próximo paso, encontrar refugio en la conciencia misma, la conciencia de Ser. Intuyo que la consciencia será entonces mi nuevo hogar, un espacio generoso y misterioso que abraza todas las posibilidades.

Cuando trabajas en «Espacios Nacientes» o cuando llevas el trabajo corporal de despertar de la conciencia con movimiento en el SAT, ¿qué es lo importante para ti?

Estoy trabajando sobre el nacimiento y los espacios perinatales recalcando la importancia de la calidad del primer pasaje que nos lleva de adentro hacia afuera, del agua al aire, de la oscuridad a la luz. Es un dar a luz y no me refiero solo al nacimiento biológico. También al nacimiento de una conciencia que encara con gentileza los cambios que la vida nos propone.

En nuestra sociedad esa primera transición a menudo se da en un contexto cargado todavía de miedo y violencia que no permiten respetar y honrar los ritmos organísmicos de la madre y del bebé. Cuando enfrentamos un cambio en nuestra vida, ya sea pequeño o grande, mi premisa es que la memoria traumática de la primera transición puede reactivarse. Si este es el caso, cambiaremos con temor y violencia, sin respetar la autorregulación organísmica.

Cuidar el proceso del parto, es cuidar el cambio y en particular el terapéutico. Es un mismo proceso y mi intención es de facilitar experiencias que permiten incorporar nuevas formas de nacer, y por lo tanto de cambiar. Un nacimiento sin violencia, como lo dijo el Dr. Leboyer, es posible y es un primer paso hacia un encuentro pacífico con el mundo.

Tu trabajo también se basa en la visión de Claudio Naranjo sobre los tres amores. Ambos ofrecéis un medio poderoso para el cambio, proponiendo la integración armoniosa de los tres personajes de la familia interna; Una Madre amorosa, un Padre amoroso y un Niño amoroso. ¿Puedes por favor ahondar en cómo una familia interior sana apoya a los trabajadores por la paz cuando enfrentan conflictos?

Como dice Claudio: “En la relación con nuestros padres nos enfermamos, y en las relaciones futuras, es como nos curamos”. La experiencia del grupo terapéutico es un contexto muy poderoso para explorar nuevas posibilidades de encuentro, para establecer nuevas reglas de relaciones. Es un laboratorio que permite experimentar otras opciones, otras “alter-nativas”. Mi intención es de crear espacios de aceptación, benevolencia y compasión, para atender las partes en conflicto adentro de nuestra familia interior, y así superar nuestros patrones enfermizos y repetitivos.

Una dimensión de mi trabajo es concebir, gestar y dar a luz a una familia interior armoniosa que ofrece registros sanos de información que estuvieron carentes en el marco de nuestra familia biológica. Nos faltó amor porque a nuestros padres también les faltó. Es una “plaga de desamor” trans-generacional que nos mantiene en la carencia amorosa, en el dolor, en la frustración y en la ira.

Mi motivación es crear un terreno de posible reconciliación con nuestros padres y con el corazón abierto decirles: “Estoy en paz con ustedes”.

Permito que nuevos recursos, nuevas habilidades relacionales se incorporan, estableciendo conexiones entre las esferas mentales, emocionales y sensoriales. Al cultivar un estado de plena presencia, promuevo movimientos, internos y externos, que unen intención y gesto. Con plena atención es cuando literalmente el “verbo se hace carne”. La palabra bondad, por ejemplo, se incorpora y se siente como “sensación”. Se integra lo mental con lo físico, la dimensión simbólica con la tangible.

Esta es mi manera de crear instancias internas de auto-maternaje y auto-paternaje que sanan a nuestro niño interior herido”.

¿Es necesario hacer las paces con nuestros padres para vivir en paz?

Sí, lo es, pero también lo es nuestra manera de encarar el dolor y la dificultad de vivir. Inicié mi proceso queriendo erradicar mi dolor, anhelando llegar a una especie de paraíso. Tuve que hacer el duelo de esa profunda ilusión infantil. En un trabajo terapéutico, en un proceso maduro de transformación, las polaridades y los conflictos, el amor y el odio, siguen presentes. Necesitamos abordar esos elementos sin pensar que habrá un estado definitivo sin dolor y sin conflictos. Nuestra paz dependerá de nuestra capacidad de abrazar por momentos el dolor y el conflicto con una consciencia abierta y neutral.

“La vida no es un juego fácil”, dice, y ambos nos reímos.

Siendo el tema de la revista el periodismo, ¿tienes algún comentario para los periodistas?

Mi padre también fue periodista y sé por su experiencia directa el gran reto que supone expresar la verdad de manera objetiva. Me gustaría honrar el coraje de mi padre y de tantos periodistas que ofrecen su contribución a los cambios y transformaciones sociales, a veces arriesgando su propia vida.

 


Sophie Friedel es autora de la monografía de la serie ‘Maestros de la Paz’: “The Art of Living Sideways” (“El arte de un vivir lateral”). Al graduarse del Programa de Maestría para Estudios de Paz en la Universidad de Innsbruck, se mudó a Freiburg para colaborar en la organización del programa SAT internacional Franco-Alemán. Se está formando como terapeuta Gestalt y ha fundado una escuela de skateboard «Rollbrettworkshop» donde enseña el arte de un “vivir lateral”.

Contacto:
sophiefriedel@naranjo-sat.comhttps://www.naranjo-sat.com/


La traducción del inglés al español es de Tania Mollart


 

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Una propuesta terapéutica
inspirada en la metáfora del nacimiento